Cada vez que nace un valor, la existencia adquiere un nuevo significado. El día que la sociedad comprenda esto, la edad será considerada un valor social.

1 de octubre,
Día Internacional de las Personas de Edad

La ONU lo declaró en 1990, en ocasión del 70 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, para “conmemorar la importancia de la Declaración y reafirmar al mismo tiempo el compromiso de promover el disfrute pleno e igualitario de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales de las personas de edad”.

Detrás de este importante objetivo, hay una realidad:

La población mundial se hace mayor

La composición de la población mundial ha cambiado de manera espectacular en los últimos decenios. En la actualidad, casi 700 millones de personas son mayores de 60 años. Para 2050, las personas de 60 años, o más, serán 2.000 millones, esto es, más del 20% de la población mundial. Este aumento será el mayor y más rápido en el mundo en desarrollo. Asia concentrará el mayor número de personas mayores y África se enfrentará al mayor crecimiento proporcional.

Está claro, por tanto, que es necesario prestar mayor atención a las necesidades y desafíos particulares de las personas mayores. Los derechos humanos se hallan en la base de todos los esfuerzos en este sentido.

No dejar atrás a nadie

Para asegurar el cumplimiento del principio rector del Secretario General de «No dejar atrás a nadie«, es necesario comprender que la demografía es fundamental para el desarrollo sostenible y que las dinámicas de la población serán las que den forma a los principales desafíos del desarrollo a los que se enfrenta el mundo en el siglo XXI. Si nuestra ambición es «Construir el futuro que queremos«, debemos tener en cuenta que para 2030 la población de más de 60 años puede alcanzar los 1.400 millones.

No se trata meramente de una cuestión de edad y de estadísticas, se trata de no perder la experiencia de las personas mayores.

No debemos olvidar que ellos pueden seguir contribuyendo de manera esencial al buen funcionamiento de la sociedad; pueden convertirse en la guía que los jóvenes necesitan. Así lo expresaba hace poco la astróloga Pilar García Gil en su blog:

“La experiencia de las personas que ya han pasado por lo mismo que nosotros a todos los niveles, profesional y personal, ha de ser escuchada. Hay un enorme capital humano que puede ayudar a la sociedad por su valía anterior. Muchos jubilados, que han sido muy valiosos en sus áreas profesionales, o de formación, y también en sus roles familiares pueden ayudar y enseñar a los demás. Serán momentos donde los jóvenes y los mayores tienen que hacer piña para conseguir sus objetivos. La edad cada vez es más intemporal, mayores súper activos y dinámicos, y jóvenes poco motivados. Lo importante es que remen todos juntos.”

Rescatemos el mensaje de la ONU: “Está claro, por tanto, que es necesario prestar mayor atención a las necesidades y desafíos particulares de las personas mayores.” A sus necesidades sí, por supuesto, pero no solo a eso. El mundo puede recuperar mucho de lo perdido si aprovecha el factor mundial del envejecimiento. Porque llegará un momento que la población tendrá mucha experiencia. Y, de ser cierto que la experiencia es sabia…

Escuchémonos hablar, ¿cuántas veces hemos dicho frases como estas?

  • La experiencia es la madre de la ciencia
  • La experiencia hace al maestro
  • La experiencia es un grado
  • La experiencia vence a la arrogancia
  • La experiencia permite reconocer errores
  • No existen fracasos, existen experiencias

En Memorias Ediciones sumamos contenido al mensaje de la ONU:

La sabiduría de nuestros abuelos se está perdiendo. Si ellos son la voz de la experiencia,
¿por qué no los escuchamos?

Las personas de edad son las que nos dan los valores

Los valores no son simplemente palabras, sino nuestras guías y nuestros motivos de vivir. Son las causas por las que defendemos y por las que luchamos. Podemos abrir nuestros brazos al cambio, pero no nunca perder nuestros valores. Los valores definen los pensamientos de las personas y la manera en cómo desean vivir y compartir sus experiencias con quienes les rodean.

Sin embargo, también existe una serie de valores que son compartidos por la sociedad y que establecen los comportamientos y actitudes de las personas en general, con el objetivo de alcanzar el bienestar colectivo.

¿Cuántas veces hemos escuchado decir que los valores se están perdiendo?
Los abuelos estarían encantados de ir a las escuelas, por ejemplo. Los abuelos estarían encantados si los integrásemos en la sociedad y aprovechásemos sus valores añadidos. En cambio, nuestra sociedad tiende a descartarlos, apartarlos e incluso discriminarlos.

He realizado una búsqueda en Internet: “envejecimiento de la población

Lo que he encontrado da esperanza y grima a un tiempo. Se habla de muchas cosas, que si el envejecimiento será el principal motor de cambio social; que debemos alargar la vida laboral; que si el envejecimiento es uno de los campos de investigación más atractivos; que si la vejez es una enfermedad que se puede tratar; que las empresas biotecnológicas reclaman que los avances en el desarrollo de moléculas que retrasan el envejecimiento pasen a ensayarse en seres humanos y biología del aging… pero no he leído nada sobre el valor de la experiencia de las personas de edad.

¿Por qué dejar un legado escrito?

Para trascender. La trascendencia es el mejor legado, la herencia más valiosa. Dejar un legado escrito puede ser trascendental para que la experiencia no se pierda. La palabra ya nos ha salido en dos de sus formas y todavía cabe desplegarla en un doble sentido interesante.

¿Qué significa ser trascendental? No se trata solamente de trascender en el tiempo sino de decir lo importante, lo valioso, lo que sea capaz de trascender por su propio peso. A partir del hecho de escribir las experiencias propias es de vital importancia hablar de lo más trascendental, de todo aquello que proviene de la filosofía vital de las personas de edad y que ellas pueden enseñar a las nuevas generaciones.

Marc Anthony lo dice al inicio del videoclip de su canción Vivir mi vida

Me preguntan: ¿cuál es tu legado? La búsqueda puede ser complicada, pero en realidad debería ser simple: yo soy padre, soy hijo, soy hermano y soy amigo. Yo soy mi música y tu sonrisa. Soy las calles de Nueva York y Puerto Rico. Trato de tocar la vida del mismo modo en que han tocado la mía. Yo vivo para, de alguna manera, dejar mi huella.

¿A quién no le gustaría dejar su huella en este mundo?

¿Qué estela quiere dejar Ud.?

No permita que su experiencia
y sus valores se pierdan.

Convierta su historia de vida
en un libro único.

Un libro para compartir, comunicar, emocionar,
sanar, transmitir, preservar, trascender…

Escuchamos su historia