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Portada del libro de memorias "Nunca es tarde para empezar" de Mari Àngels Bofill Ramón

Mari Àngels Bofill Ramón

Nunca es tarde para empezar

  • Hace años que Mari Àngels Bofill Ramon quería escribir un libro y lo ha conseguido, como todas las cosas que se propone. Esta mujer de gran iniciativa nació un 4 de diciembre de hace muchos años (del siglo pasado, como dice ella) en la calle de San Juan, número 6, en casa de su tía Angeleta, y en uno de los pueblos más bonitos del Maresme: Vilassar de Mar.Este libro es el testimonio de una familia, la saga de los Ramón, que se ha mantenido unida a lo largo de varias generaciones. Es su particular homenaje a la vida, a la familia y a la amistad.
  • Las lágrimas para mí no existen: se enjugan y ya está. No obstante, los pensamientos quedan. Es cierto que ya he pasado muchas hojas de muchos calendarios. He viajado sola por el extranjero con un mapa y un diccionario, por si desconocía la lengua de los países visitados, y nunca me he perdido. Me he divertido mucho y he sabido encontrar una visión optimista de cada cosa.
  • No faltaba nunca la chocolatada de la mañana de los domingos, tenía dos sabores: con leche o sin, y muchas ensaimadas. ¡Y no hablemos de Jueves Santo! ¡Aquel día hacía dos cuevas de buñuelos del Ampurdán! Ahora todo se tiene que decir, regalaba a todo el mundo… En casa no quedaban muchas, ¡teniendo en cuenta toda la pandilla que éramos! También recuerdo que cada domingo por la mañana me compraba el TBO, aquella revista cómica que apareció en el 1917 y duró hasta el 1998. Yo tenía tanto trabajo para leerme las historietas de la Familia Ulises que, mientras todo el mundo comía, yo la tenía en el regazo, y con todos los que éramos, nadie se daba cuenta que en lugar de comer, yo leía. Aunque es verdad que yo nunca he comido mucho.
  • Mira por dónde… ¡qué cosas tiene la vida! Resulta que de todo aquel gentío que éramos, ¡ahora me he quedado sola! Tengo que decir que no me ha preocupado nunca la soledad. A mí siempre me acompaña la vibración de las notas, cuando pongo las manos sobre el piano y empiezo a tocar. Quizás ahora surgirá también algún pensamiento ignorado, que de vida a continuar escribiendo. Ahora mismo ni yo lo sé, ya veremos qué haré cuando acabe este libro. Soy demasiado movida para quedarme con los brazos cruzados, yo no sé estarme quieta. Aun así, estoy feliz de haber conseguido llegar a escribir uno, porque me ha ayudado a encontrar la paz y la tranquilidad que buscaba desde hace mucho de tiempo para superar la muerte de mi hermano sobrevenido.