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Josep Victori Llovera

MEMORIAS DE UN BARMAN DE CABECERA. Historias de la Barcelona de posguerra contadas desde los bares

En su tarjeta hizo poner «Barman de cabecera». Al fin y al cabo, ¿qué es un barman sino una variante de psiquiatra? En el desempeño de su oficio fue muy estimado por todos: prensa, jefes, ayudantes y clientes. Las memorias de Josep Victori, escritas por él mismo, son una crónica muy valiosa para descubrir los modos y costumbres de la posguerra en Barcelona. La ciudad vista desde los bares, con el detalle, el metodismo, la precisión y la meticulosidad, el olfato fino, el paladar privilegiado y los colores de los recuerdos de Victori. Al fin y al cabo, todas son características de peso cuando de preparar un coctel delicioso se trata.

Josep Victori Llovera llegó a Barcelona a los 14 años, procedente de Sant Julià de Vilatorta. De su pueblo natal trajo hambre y ansias de prosperidad. Era un muchacho observador y diligente que despuntó por su buen hacer: tenía un don innato para mezclar, servir y atender al público. El dueño del mítico Bar Marfil, que pasaba a diario ante la bodega donde trabajaba, se fijó en él y le hizo una oferta. En el Marfil se forjó como barman de primera categoría, y cuando el establecimiento cerró sus puertas, decidió abrir su propia coctelería: el Victori Cocktail
Bar, que rápidamente se hizo con un puesto de honor entre las coctelerías barcelonesas.

Victori atendió durante 17 años su establecimiento sin faltar ni un solo día. El cierre del local en 1995 supuso una verdadera debacle en la ciudad. Arcadi Espada lo resumió en el título de su crónica de El País: «Cierra el Victori y el abatimiento se cierne sobre el mundo.»